Versos convexos nacen de la verdad… El alcohólico… Se cae en abismos, lo ignoran las personas. Se desintegra su familia, se agotan sus neuronas. Hace el ridículo, es el bufón de la calle. Encerrado en su mente, danza el delirium tremens. El hígado se atrofia, la sangre se contamina. Los pies le duelen, ya casi no camina. La gota lo agota, le duele hasta el alma. La visión se duplica, no distingue ni a su sombra… Aviso noticioso: alcohólicos buscan ayuda en Alcohólicos anónimos. Y recuperan su vida, ya en huída. Vencieron a la enfermedad y el horizonte se amplió. Sanaron, y su cuerpo fue limpiado, por la abstinencia del veneno mortal. Venus Maritza Hernández
Y vi refulgir la brillantez de su amor, tras los frondosos árboles, que felices se extasiaban con el resplandor del día. La hamaca mecía la paz y armonía de mis sosegadas horas, que plácidas me invitaban a pensar en mi amor distante. Una rama remeció a la brisa refrescante de mis ensueños, más pronto amortigüe sus gráciles efectos. Quería vivir aquel instante mágico y presencial de su esencia, que levitante cerca de mí, me recitaba sus secretos y su inspiración. Una paz impresionante invadió a mis letras, y mudas por un instante no hicieron otra cosa, más que contemplarlo. Estaba situado frente al diáfano céfiro del amor errante y núbil. Más de pronto comenzó a ocurrir algo asombroso, su transparencia se comenzó a hacer tenuemente visible. Poco a poco comencé a distinguir su silueta, luego su rostro, y poco a poco ¡ya estaba visible! No podía creer aquel milagro, sentí miedo, y alegría a la vez; desconcierto y sorpresa. Luego no me importó nada y lo abracé. El también me abrazó. Un bes...