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La brillantez de su amor: Entre el expreso del ensueño y la cruda realidad

Y vi refulgir la brillantez de su amor, tras los frondosos árboles, que felices se extasiaban con el resplandor del día.
La hamaca mecía la paz y armonía de mis sosegadas horas, que plácidas me invitaban a pensar en mi amor distante. Una rama remeció a la brisa refrescante de mis ensueños, más pronto amortigüe sus gráciles efectos. Quería vivir aquel instante mágico y presencial de su esencia, que levitante cerca de mí, me recitaba sus secretos y su inspiración.


Una paz impresionante invadió a mis letras, y mudas por un instante no hicieron otra cosa, más que contemplarlo. Estaba situado frente al diáfano céfiro del amor errante y núbil. Más de pronto comenzó a ocurrir algo asombroso, su transparencia se comenzó a hacer tenuemente visible. Poco a poco comencé a distinguir su silueta, luego su rostro, y poco a poco ¡ya estaba visible! No podía creer aquel milagro, sentí miedo, y alegría a la vez; desconcierto y sorpresa. Luego no me importó nada y lo abracé. El también me abrazó. Un beso en mis labios me otorgó, y la magia se intensificó…


Una gala de efectos fantásticos dejó divisar sus donaires. Y un rayo de luz intenso proveniente del inmaculado sol, nos invitó a su interior, más yo temerosa dije que no. No deseaba arriesgar mi romántica existencia en un viaje tan peligroso, ni la de mi galán en aras de una enajenación. Pero mi enamorado no estaba de acuerdo con la zona realista de mi mente, momentáneamente ofuscada por la materialidad de un entorno apacible. Así que empleo toda su retórica y ardides para convencerme, desde una multicidad de besos en todo mi cuerpo, hasta el colmo de una caricia subjetiva y atrevida.

No tuve más remedio que acceder a sus melosas peticiones y juntos nos acercamos al “expreso del amor”. Así lo definí cuando entramos en él. La apariencia del rayo de luz era la de un tren moderno, ataviado de parejas de enamorados que recíprocamente se dispensaban amor. Una melodía extasiaba la sensible atmósfera, que se debatía de ensueños con la música romántica de todos los instantes de ilusión.


Nos sentamos cómodamente y nos abrazamos a la vez que mirábamos hacia fuera. Por la ventanilla contemplamos a la bella fantasía, la cual nos saludó efusiva, tenía un vestido vaporoso de tono rosado y bailaba sin cesar con su amigo el sol, en la transparencia del espacio. Luego vimos surcar a la alegría que también nos saludó, ella siempre sonriente y también enamorada jugueteaba con su gran amor el señor optimismo.


Mi amor me dijo dulcemente, es hora de desayunar. ¿Que? Inquirí extrañada….
¡Es hora de desayunar! Me repitió una voz grotesca. Abrí mis ojos y vi mi cruel realidad frente a mí. Un hombre hosco, nada romántico, el cual pienso la mayoría de las veces que ya no amo, junto al cual se deslizan mis días vacíos y sin amor…




Comentarios

En este encantador cuento la fantasía y la realidad se abrazan primorosamente. Es un ejemplo claro de cómo, con la corriente realista, se puden crear textos literarios de gran belleza. El recurso del mundo onírico para plasmar la fantasía le da verosimilitud a la historia y el final le da un toque social que incita a la reflexión. Muy bien acabado y muy bien escrito.
Hola Alberto, es interesante la corriente realista fusionada a la fantasía, me encanta que te haya gustado y tu opinión valiosa me incentiva, gracias. Un abrazo.
un relato psicosocial, amatorio, donde la hablante escapa de su realidad, entendiendo que su mente y cuerpo tienen una visión distinta, o no adaptada, es decir, está insatisfecha, por ende deja volar sus sueños, tan vívidos y experienciales, que equilibra su vida, soñándose.

nada ajeno a la realidad de viven muchas mujeres en estos tiempos,
EXCELENTE modo de reflexión.

felicitaciones, Ro
Hola Rocío. En efecto, un sueño donde la realidad siempre deja ver su matiz. Encantada con tu comentario y visita. Gracias.

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